martes, 4 de septiembre de 2012

Cada siete olas.


No quiero esperar en silencio la séptima ola. Las primeas seis son previsibles y equilibradas. Se condicionan unas a otras, se basan unas en otras, no deparan sorpresas. Mantienen la continuidad. Seis intentos, por mas diferentes que parezcan vistos desde lejos, seis intentos… y siempre el mismo destino.
Pero, cuidado con la séptima ola! La séptima es imprevisible. Durante mucho tiempo pasa inadvertida, participa en el monótono proceso, se adapta a sus precesoras. Pero a veces estalla. Siempre ella, siempre la séptima. Porque es despreocupada, inocente, rebelde, barre con todo, lo cambia todo. Para ella no existe el antes, sólo el ahora. Y después todo es distinto. ¿Mejor o peor? Eso sólo pueden decirlo quienes fueron arrastrados por ella, quienes tuvieron el coraje de enfrentarla, de dejarse cautivar,
Ya llevo una hora larga aquí sentada, contando olas y observando qué hacen las séptimas. Aún no ha estallado ninguna. Pero estoy de vacaciones, tengo paciencia, puedo esperar, No pierdo las esperanzas,
Aquí, en la costa cálida, sopla fuerte y cálido el viento del sur.




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