Adornabas mi pelo con horquillas, decías que así estaba mas guapa, que tenía la cara al aire.
Pero lo cierto esque yo odiaba tener el rostro descubrierto, porque cuando discutíamos se me arrugaban las sienes, y te reías de mi porque me temblaban las cejas. Sin embargo cuando estaba contenta solías besarme la frente con una ternura abismal. Y eso hacía que me derritiera y me dejara poner horquillas.
